Uno de los motivos más habituales por los que la gente acaba desactivando o ignorando sus sensores de movimiento es tener una mascota en casa: el sensor salta cada vez que el gato salta a una estantería o el perro cruza el pasillo, y al final las notificaciones dejan de mirarse.
Los sensores de movimiento (PIR) detectan calor corporal en desplazamiento, así que técnicamente reaccionan igual ante un animal que ante una persona; la diferencia está en cómo de bien se pueda ajustar la sensibilidad y el rango de detección de cada modelo concreto.
Muchos sensores actuales incluyen una función de "inmunidad a mascotas" que ignora objetos por debajo de un peso o una altura determinados, calibrada normalmente para animales pequeños o medianos. Antes de comprar, si tienes una mascota, revisa si esta función existe en el modelo que te interesa y hasta qué peso está pensada, porque no todos los fabricantes la calibran igual.
Otro ajuste útil es la altura y el ángulo de instalación: colocar el sensor más alto y angulado ligeramente hacia abajo, en lugar de a la altura de una mesa, reduce las detecciones de animales pequeños que se mueven por el suelo sin perder cobertura sobre una persona de pie caminando por la habitación.
Si tras ajustar sensibilidad, inmunidad a mascotas y altura de instalación sigues teniendo muchas falsas alarmas, puede compensar más limitar los sensores de movimiento a zonas donde la mascota no suele entrar (un despacho cerrado, una habitación de invitados) y confiar en los sensores de apertura de puertas y ventanas como primera línea en el resto de la casa.