Es fácil pensar que un kit completo con grabador es siempre "mejor" que unas cuantas cámaras WiFi sueltas, pero la respuesta depende sobre todo de cuántos puntos necesitas cubrir y de cuánto margen tienes para hacer una instalación algo más compleja.
Una o dos cámaras WiFi independientes, como las que se ven en las guías de cámaras de interior y de exterior de este sitio, se instalan en minutos, cada una con su propia app, y son la opción más razonable para un piso o una vivienda unifamiliar con pocos puntos críticos que vigilar (la puerta principal, quizá el salón).
Un kit con grabador NVR o DVR empieza a compensar cuando el número de cámaras crece: a partir de cuatro o cinco puntos, gestionar cada cámara por separado en su propia app se vuelve incómodo, mientras que un grabador centraliza toda la grabación en un único disco duro y una sola pantalla o app de acceso.
El otro factor decisivo es la fiabilidad frente a la comodidad de instalación: los kits PoE (que alimentan y conectan cada cámara con un solo cable de red) dan la conexión más estable posible, algo importante en negocios pequeños o parcelas grandes donde un corte de vídeo puede salir caro, pero exigen pasar cable, algo que en una vivienda ya terminada no siempre resulta sencillo ni barato.
Como regla orientativa: para cubrir uno o dos puntos concretos, las cámaras WiFi sueltas suelen ser la opción más simple y con mejor relación esfuerzo-resultado; para cubrir muchos puntos a la vez, o cuando la fiabilidad de la grabación es crítica, un kit con grabador empieza a justificar la instalación más laboriosa que exige.