Los dispositivos de seguridad del hogar tienen algo en común con un extintor: la mayor parte del tiempo no hacen falta, y precisamente por eso es fácil olvidarse de revisarlos hasta el día en que sí hacen falta y fallan.
Con las cámaras, tanto de interior como de exterior, conviene limpiar el objetivo cada cierto tiempo: el polvo, las telarañas o las gotas de lluvia secas sobre la lente reducen mucho la nitidez de la imagen sin que se note a simple vista hasta que se hace zoom sobre una grabación concreta. Aprovecha también para comprobar que el ángulo no se ha movido con el viento o una limpieza reciente de la fachada.
Los sensores de apertura y movimiento que funcionan con pila merecen una revisión del nivel de batería un par de veces al año, sobre todo antes del invierno o de un periodo de vacaciones largo: muchas apps avisan de batería baja, pero conviene no confiar solo en esa notificación y comprobarlo también desde la app de vez en cuando.
Si tienes una cerradura inteligente, revisa que la llave mecánica de emergencia sigue donde la dejaste y que todavía abre sin problemas: es un detalle que se olvida fácilmente y que solo se echa en falta el día en que de verdad hace falta usarla porque la cerradura se ha quedado sin batería.
Por último, dedica un momento a revisar los dispositivos y sesiones activas en las apps de tus cámaras y cerraduras: con los años se acumulan móviles antiguos o cuentas de personas que ya no viven en casa con acceso activo, y cerrar esos accesos de vez en cuando reduce el riesgo sin necesidad de cambiar nada del hardware.