Una cámara que se desconecta a ratos, que tarda en cargar el vídeo en directo o que manda notificaciones de "cámara sin conexión" no siempre está estropeada: en la mayoría de los casos el problema está en la red WiFi, no en el dispositivo, y se resuelve sin gastar un euro más.
Lo primero es comprobar la señal real en el punto exacto donde está instalada la cámara, no en el salón donde tienes el router. Llévate el móvil hasta ahí, abre la app de la cámara y fíjate en si el vídeo tarda en cargar o se corta: si pasa lo mismo con el móvil, el problema es de cobertura, no de la cámara. Esto es especialmente habitual en cámaras de batería instaladas lejos del router precisamente porque no dependen de un cable.
Si la señal es débil, antes de mover la cámara prueba con un repetidor WiFi o un sistema mesh colocado a medio camino entre el router y la cámara: suele solucionar el problema sin tener que volver a taladrar ni cambiar la ubicación elegida por otros motivos (ángulo, altura, cobertura del jardín).
Otra causa habitual son las interferencias por saturación del canal WiFi, sobre todo en pisos con muchas redes vecinas visibles: cambiar el router a un canal menos congestionado, o separar la banda de 2,4 GHz (más alcance) de la de 5 GHz (más velocidad pero menos alcance) para que la cámara use la que mejor le funcione, mejora bastante la estabilidad en muchos casos.
Por último, revisa si la cámara ha recibido alguna actualización de firmware pendiente: los fabricantes publican de vez en cuando parches que corrigen justo este tipo de desconexiones intermitentes, y suele ser la solución más simple cuando la cobertura ya está descartada como causa.