Las semanas de vacaciones, sobre todo en verano y en Navidad, son cuando más se nota si una vivienda tiene alguna medida de seguridad o no: es el periodo en el que una casa parece vacía durante más tiempo seguido, y eso se nota desde fuera.
Lo primero, y lo más barato, es evitar que la casa parezca vacía de forma evidente. Unos enchufes inteligentes programados con horarios aleatorios para encender alguna lámpara al anochecer simulan mejor una presencia real que dejar una sola luz encendida fija las 24 horas, algo que cualquiera reconoce como automatismo en un par de días.
Si tienes cámaras instaladas, revisa antes de irte que la cobertura WiFi y el almacenamiento (tarjeta SD o nube) tengan margen suficiente para todo el periodo que vas a estar fuera, y no solo para un par de días: una tarjeta casi llena puede empezar a sobrescribir grabaciones justo cuando más te interesaría conservarlas.
Pide a un vecino o familiar de confianza que recoja el correo y los paquetes con cierta frecuencia: un buzón desbordado es una de las señales más claras de que no hay nadie en casa, más incluso que las luces apagadas. Si tienes un timbre con cámara, revisar las notificaciones a distancia te permite además saber si ha llegado algún paquete que convenga que alguien recoja antes de que se acumule en la puerta.
Por último, evita publicar en redes sociales que vas a estar fuera durante fechas concretas, sobre todo en cuentas abiertas al público: es información que en el momento parece inofensiva pero que reduce, sin necesidad, la incertidumbre de quien pudiera estar vigilando la vivienda antes de decidir si acercarse o no.