Comprar una buena cámara no garantiza que funcione bien si la instalación tiene alguno de estos errores habituales, todos evitables sin gastar más dinero.
1. Colocarla demasiado alta o demasiado lejos del punto de interés. Una cámara puesta muy alta para "verlo todo" a menudo pierde el detalle de caras justo donde más importa (la puerta, la ventana). 2,5-3 metros de altura suele ser el punto de partida razonable para la mayoría de entradas.
2. No comprobar la cobertura WiFi real antes de fijar la cámara. Una señal débil en el punto final de instalación provoca cortes de vídeo y notificaciones tardías; conviene probar con el móvil en el sitio exacto antes de montar nada de forma definitiva.
3. Dejar la sensibilidad de detección de fábrica sin ajustar. Un jardín con árboles moviéndose por el viento o una calle con mucho tráfico satura de falsas notificaciones si no se ajusta la sensibilidad o la zona de detección, lo que acaba haciendo que se ignoren también las alertas reales.
4. Ignorar el modo privacidad en cámaras de interior. Dejar una cámara grabando permanentemente en una zona privada de la casa cuando no hace falta es un riesgo de privacidad evitable con solo activar el modo privado en las horas en que no se necesita vigilancia.
5. No revisar quién tiene acceso a la cuenta o a las imágenes. Con el tiempo se acumulan sesiones antiguas (un móvil viejo, un familiar que ya no vive en casa) con acceso a la app: revisar de vez en cuando los dispositivos conectados evita accesos que ya no deberían estar activos.