La pregunta "¿cámara con cable o de batería?" no tiene una respuesta única: depende sobre todo del tipo de vivienda y de cuánto control tienes sobre hacer obra o cableado permanente.
En una vivienda en propiedad donde piensas quedarte años, una instalación cableada (o PoE, si vas a poner varias cámaras) suele salir a cuenta a medio plazo: sin preocuparte de baterías, con la conexión más estable y sin depender de la cobertura WiFi llegando bien hasta cada rincón del jardín.
En un piso de alquiler, las cámaras de batería o con instalación adhesiva/atornillado mínimo son casi siempre la opción más razonable: se pueden retirar sin dejar marcas importantes al mudarte, y no dependen de modificar la instalación eléctrica de una vivienda que no es tuya.
En una segunda residencia que visitas poco, una cámara de batería con panel solar cobra más sentido que en una vivienda habitual, porque nadie va a estar recargándola cada pocas semanas; eso sí, conviene revisar la cobertura de red del lugar (WiFi, o si hace falta una alternativa con tarjeta SIM) antes de asumir que vas a poder verla en remoto sin problemas.
Para negocios pequeños o parcelas grandes con varios puntos que cubrir, un kit con grabador y cámaras PoE suele compensar frente a multiplicar cámaras de batería sueltas, tanto por fiabilidad como porque centraliza toda la grabación en un único disco duro en lugar de varias tarjetas SD independientes.